EL PROBLEMA

La presencia de microorganismos en los combustibles se ha convertido en una de las principales problemáticas que afectan directamente a sectores como el industrial, el naval, el petroquímico o el agrícola.

Al estudiar los primeros indicios de crecimiento microbiano dentro de los tanques de almacenamiento, se observó que, en primer lugar, son contaminados por bacterias, hongos y levaduras que no necesitan luz y en ocasiones son anaerobias, En segundo lugar, su crecimiento y proliferación aumenta exponencialmente en los depósitos de combustible sometidos a una humedad relativa alta.

Según avanza la contaminación biológica del combustible, va inhabilitando todos los sistemas de los que depende, lo que provoca que el contenedor que lo contiene se corroa.

En la actualidad, los tanques de almacenamiento de combustible, normalmente, se fabrican en fibra de vidrio, aunque también hay otros de materiales antioxidables como el acero, aluminio o pvc. Sin embargo, desde la problemática causada por el uso de combustibles, las estaciones de servicio se han visto obligadas a utilizar revestimientos de materiales compuestos y reforzados con fibra de vidrio, ya que ofrecen una mayor resistencia a medios agresivos.

Por su parte, los tanques están construidos con poliéster reforzado con fibra de vidrio FRP (fiberglass reinforced plastic).

La barrera corrosiva de esta clase de tanques está construida con resina poliéster para el almacenamiento de combustibles con mezclas de alcoholes que oscila desde un 30% hasta un 100%. Estos tanques son compatibles con almacenamiento de materiales como gasolina, gasoil y mezclas de gasolina, alcohol, lo que genera un desgaste biológico en su superficie, además de biodegradación y biocontaminación de los combustibles. Es especialmente grave en los barcos, donde los sistemas de propulsión son críticos y los depósitos se encuentran en el propio casco del barco.